¡Ay, va! ¡Mili escribió otra reseña literaria! :-O
Quise hacer una entrada en este blog que actualizo una vez a la Cuaresma, porque la semana pasada decidí leer —o más bien repetir, después de algunos años, mi intento de leer— Thirteen Reasons Why, en español Por trece razones, de Jay Asher.
Suicidio.
No voy a explayarme aquí a hablar sobre mi problema con la depresión, por dos motivos:
1- Esto se trata de Hannah, no de mí.
2- Léase el punto uno.
Entonces, decía... Suicidio.
Al principio del libro tenía claro que lo iba a terminar, porque la temática me atraía y porque era una meta que me había fijado. Lo que no esperaba es que me enganchase al punto de retrasar tanto mi hora de dormir y llevarme el teléfono al baño para no interrumpir el hype.
Esta es mi segunda actualización en Goodreads:
Y era cierto. El morbo de saber qué había llevado a Hannah a tomar su decisión era lo suficientemente fuerte como para arriesgarme a que mi móvil se diese un chapuzón en el lavamanos.
No me olvido de Clay, por supuesto.
Él es la representación de esas personas que dicen estar ahí para ayudar, pero no ven las señales de S.O.S, porque se cubren los ojos con una venda que lleva escrito: «¡Sólo quiere llamar la atención! ¡No se atreverá!». Esa clase de persona —como la gran mayoría— que necesita que el suicida se plante en frente y diga «Oye, me quiero matar. ¿Me empujas o me detienes?»
No creo que exista alguno que diga eso. Más bien te lo demuestra, aunque no lo notes. Esa clase de persona —como la mayoría, también— es... o era... Hannah Baker.
A medida que me acercaba al final era más difícil parar de leer. Incluso me saltó la alerta de la app que uso para leer eBooks, avisándome que había estado leyendo por sesenta minutos seguidos, que por el bien de mis ojos debía detenerme un minuto. Y salía un contador del 60 al 0 que no podía cancelar, debía esperar sí o sí. No miento.
Entonces, Hannah narró cómo fueron los hechos. Desmintió los rumores. Y yo no pude sentir aunque fuese un poco de lástima por los que ella asegura que son los culpables de su decisión. Al fin y al cabo, por mucho que deteste a la gente que se hace la ciega ante este tema, siguen siendo seres humanos, se equivocan. Y tal como ella dice en un momento, les perdono que lo hagan.
Así que: adictiva desde el primer momento. Me obsesioné con este libro. Aunque quizá fue a raíz de mi personalidad, que me llevó a empatizar demasiado con Hannah y sentirme muy identificada con su sensibilidad y forma de maximizar los problemas, que a cualquiera que no sea psicólogo le parezcan pequeñeces. Para nosotras... SÍ son importantes. Y no, NO queremos SÓLO llamar la atención.
Al terminar el libro, enseguida comencé a ver la serie —de la cual hablaré en otra entrada cuando vea todos los episodios—, y a minutos de empezar el primer capítulo dejé salir el llanto que había estado reteniendo desde que noté que me parezco mucho a Hannah Baker, pero que no lo quería aceptar. Esas lágrimas fueron mi forma de hacerlo.
Lo sé. He faltado a mi palabra de no hablar de mí, pero ya ven por qué ha sido inevitable.
Finalmente, repito lo que dije en Goodreads minutos después de acabar la lectura:
No lo he pensado un momento antes de darle las cinco estrellas a este libro, porque al ponerlo en perspectiva siento que me ha tocado la fibra. Y eso es todo lo que necesita un libro para ganarse mis cinco estrellas.







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